Es que el apellido Narváez se multiplicó en dos candidatos, que sin parentesco alguno, aspiraban a los cargos de diputado nacional en el Parlamento argentino. Uno, Francisco de Narváez, empresario exitoso que hace unos años decidió incursionar en política, busca renovar su banca en el Congreso. El otro, Fernando Jesús Narváez, un dirigente ignoto hasta el momento, buscaba llegar al mismo lugar con una fuerza vecinalista.
Las diferencias entre ambos candidatos son claras: mientras Francisco encabeza la alianza Unión Pro, que lleva adelante una amplia campaña televisiva y un despliegue de herramientas 2.0 que convocan voluntarios y simpatizantes por los diferentes canales de comunicación; el otro, Fernando apareció de la nada representando un espacio denominado Partido para la Acción Solidaria Independiente Bonaerense (Pasib).
Si bien esta semana Unión Pro consideró esa postulación como una maniobra del kirchnerismo para quitarle votos a De Narváez y denunció ante la Justicia a la fuerza política por estafa e inducción al voto erróneo, lo cierto es que en materia de comunicación esto marca un antecedente para la política local: la similud entre los nombres de los candidatos llevó a que se corra el falso rumor de que el Narváez ignoto tuviera una intención de voto cercana al 29 por ciento. Algo muy difícil para un candidato sin plan de comunicación y nula instalación mediática, que ostentaba esa cifra por el parecido de su apellido con el ex dueño de Casa Tía.
Por estas horas, los ánimos del partido Unión Pro están más calmos: el joven Fernando se bajó de su candidatura. "No está muy contento, pero no queríamos vernos involucrados en la interna del PJ", arrojaron desde el Pasib, partido que necesita obtener al menos el 2% de los votos de Buenos Aires o perderá su personería jurídica. En 2007, sobre 7,95 millones de sufragios recibió sólo 6618. Pero el Estado, por su participación, lo financió con 172.000 pesos.

