viernes, 29 de mayo de 2009

Los Narváez, cuál es el verdadero?

Es sabido que la similitud de nombres lleva a la confusión y más de una marca ha tenido problemas con alternativas que opacaron su reconocimiento y venta ante las masas. Sin entrar en detalles de marketing, durante esta semana la campaña legislativa no estuvo exenta de este inconveniente.

Es que el apellido Narváez se multiplicó en dos candidatos, que sin parentesco alguno, aspiraban a los cargos de diputado nacional en el Parlamento argentino. Uno, Francisco de Narváez, empresario exitoso que hace unos años decidió incursionar en política, busca renovar su banca en el Congreso. El otro, Fernando Jesús Narváez, un dirigente ignoto hasta el momento, buscaba llegar al mismo lugar con una fuerza vecinalista.

Las diferencias entre ambos candidatos son claras: mientras Francisco encabeza la alianza Unión Pro, que lleva adelante una amplia campaña televisiva y un despliegue de herramientas 2.0 que convocan voluntarios y simpatizantes por los diferentes canales de comunicación; el otro, Fernando apareció de la nada representando un espacio denominado Partido para la Acción Solidaria Independiente Bonaerense (Pasib).

Si bien esta semana Unión Pro consideró esa postulación como una maniobra del kirchnerismo para quitarle votos a De Narváez y denunció ante la Justicia a la fuerza política por estafa e inducción al voto erróneo, lo cierto es que en materia de comunicación esto marca un antecedente para la política local: la similud entre los nombres de los candidatos llevó a que se corra el falso rumor de que el Narváez ignoto tuviera una intención de voto cercana al 29 por ciento. Algo muy difícil para un candidato sin plan de comunicación y nula instalación mediática, que ostentaba esa cifra por el parecido de su apellido con el ex dueño de Casa Tía.

Por estas horas, los ánimos del partido Unión Pro están más calmos: el joven Fernando se bajó de su candidatura. "No está muy contento, pero no queríamos vernos involucrados en la interna del PJ", arrojaron desde el Pasib, partido que necesita obtener al menos el 2% de los votos de Buenos Aires o perderá su personería jurídica. En 2007, sobre 7,95 millones de sufragios recibió sólo 6618. Pero el Estado, por su participación, lo financió con 172.000 pesos
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lunes, 18 de mayo de 2009

"A lo mejor comunicamos mal"


A poco más de un año desde que el ex ministro de Economía Martín Lousteau anunció la resolución 125 que determinaba retenciones móviles a la exportación de granos, el Gobierno parece que comienza tardíamente a hacer un mea culpa de sus falencias comunicativas.

Pasaron varios cortes de rutas, paros, peleas entre ruralistas y camioneros y hasta la propia Presidente dudó en continuar en su mandato. El país se había tornado en una crisis institucional de la que pocos creían que había salida y hasta se alimentó la figura de opositor del vicepresidente Julio Cobos tras su voto "no positivo" en una madrugada en el Senado.

También en este contexto nació un dirigente rural con nuevas pautas comunicativas: lenguaje popular y aspecto común. Alfredo de Ángeli dio en la tecla y se convirtió rápidamente en el portavoz de todos aquellos pequeños y medianos productores que vieron en él la esperanza de que sus reclamos atravesarían las tranqueras.

Tuvo que pasar todo esto en un año para que el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández -o más conocido como el vocero de Olivos- reconociera que no fue tan acertado insistir con una medida polémica para toda la gente del campo. "A lo mejor comunicamos mal, contamos mal el problema", dijo simplemente.

De todas maneras, a pocos segundos de que pareciera hacer vade retro con la medida que tanto abogaron en aprobar, Fernández echó por tierra toda posibilidad de paz entre el agro y el Gobierno y aseguró "reivindicaré la 125 toda mi vida".

Luego del caos que se vivió durante meses y del que todavía los integrantes de la Mesa de Enlace continúan haciendo eco de sus problemas en reuniones con la oposición, el Gobierno sigue con su postura de no aceptar la derrota política, ahora la culpa es de la comunicación.